
HISTORIA
El antepasado del Perro de Montaña del Pirineo sería el dogo del Tíbet, traído a Europa por invasores asiáticos ya milenarios.
La cuna de la raza se situa a ambas vertientes de los Pirineos. Aislados en altos valles, ha sabido conservar una sorprendente pureza hasta nuestros días.
Algunos de los “ perros de los osos y lobos “ abandonan la montaña a finales del siglo XIV para vigilar los castillos de Foix, Carcasota y Lurdes. En el siglo XVII, contra todo pronóstico, este perro adquiere sus cartas de nobleza . En el año 1675, la señora de Maintenon que acompañaban al Delfín a tomar las aguas de Baremes, descubre al Perro de Montaña del Pirineo y, seducida, decide llevar un ejemplar a París. El gran perro blanco provoca la admiración de la corte del Rey Sol, recibiendo la noble distinción de “ perro real “ Para alegrar al Rey, son numerosos los cortesanos que lo adoptan y lo utilizan como guardián de sus moradas. Adquiere popularidad en Estados Unidos y Gran Bretaña a partir de los años treinta.

El perro de montaña del Pirineos, protegido por un collar de hierro erizado de puntas (carlanca) , se encargaba en sus aislados valles de defender los rebaños de corderos contra merodeadores y depredadores. Por su manto blanco, se distingue bien en la oscuridad y es más difícil confundirlo con un oso o un lobo.
Tranquilo de día, mantiene, no obstante una vigilancia discreta pero atenta. El crepúsculo es premoritorio de una autentica metamorfosis: olvidando su letargo, patrulla en rondas incesantes descansando de vez en cuando a cierta distancia del rebaño. Con todos los sentidos alerta, observa, escucha, intenta detectar el menor ruido o movimiento sospechoso. Sus desplazamientos se apoyan en ladridos potentes, graves y sordos muy impresionantes en el silencio de la noche.
Dicen los pastores que en esos momentos dialoga con las fuerzas ocultas de la montaña.


© MONTAÑAS DEL PIRINEO "DO LIBOREIRO"